Los envases aptos para contener vino pueden ser de diversos materiales (aluminio, cartón, polímeros plásticos, vidrio, etc.). No obstante el vino de calidad está envasado en botellas de vidrio. La botella de vidrio proporciona al vino el ambiente apropiado para su evolución y envejecimiento. Tanto en los más viejos como en los jóvenes. En este proceso el vino concluirá su crianza y alcanzará su madurez, en un ambiente sin aire para redondear sus características.
Los matices del “bouquet” se forman en la botella, además de su aroma, olor y sabor. Estos últimos se afinarán y se equilibrarán. El vino, además, puede perder algún toque de su aroma frutal para dar lugar a otros más sutiles, superponiéndose los aromas secundarios y terciarios a los primarios. Además, hay que tener en cuenta que, dentro de la botella, el vino frena su evolución biológica, alargando su vida.
Respecto a los vinos tintos, cuando están en botella, se ensamblan y se decoloran. Y, por otro lado, los vinos blancos de guarda pierden algunos aromas frutales, pero ganan en complejidad, además de volverse más voluptuosos.
Por otro lado el color de las botellas de vino tiene una función protectora de su contenido ante las radiaciones lumínicas que proceden del exterior y que pueden alterar el equilibrio bioquímico de su interior. Sin embargo, es deseable que no altere la percepción del contenido de la botella, existiendo un equilibrio entre protección e identificación en términos de mercado.
Si el vidrio es el mejor material para la conservación y distribución del vino, paralelamente debe concienciarse a toda la cadena de producción, distribución, venta y consumo, del compromiso de toda la sociedad con su reciclaje, es decir, con su gestión integrada y garantía de recuperación. El distintivo Punto Verde indica que una vez utilizado no debe convertirse en desperdicio, sino reciclarse, depositándose en los contenedores para vidrio.
